Postfotografía
Nota: Preparé este pequeño escrito para poder trabajar el fotolibro, pero me gustaría compartirlo porque considero que es importante no sólo estudiar la evolución e historia de la fotografía, sino también entender los cambios del presente y plantearnos qué es lo que sigue.
Desde su invención, la práctica fotográfica ha cambiado al pasar de los años en diferentes aspectos, desde tecnológicos, sociológicos, hasta simbólicos. Durante el siglo XIX los retratos fotográficos estaban reservados para las altas esferas de la sociedad, años más tarde la producción de fotografías se pone al alcance de casi cualquiera con la llegada de la Kodak 100 Vista; “usted apriete el botón, nosotros hacemos el resto”, famoso eslogan con el que se anunciaba esta cámara.
El acercamiento de la fotografía a un segmento mayor de la población generó reacciones en los fotógrafos de esa época, dando paso al pictoralismo, tal vez, a conciencia el primer género fotográfico. Al paso del tiempo la fotografía fue ganando un carácter de documento, en los años 30 Henri Cartier-Bresson comienza a tomar fotografías en las calles, eternizando momentos únicos gracias a su habilidad técnica y sensibilidad artística, acuñando el término “el instante decisivo”. Simultáneamente, Weegee se caracterizaba por sus crudas fotografías de la violencia en Nueva York, a la par que muestra una visión desencantada de la ciudad. Ambos fotógrafos fueron considerados como testigos y presentadores de lo verdadero. Las imágenes captadas por Robert Capa muestran la crueldad de la guerra, el fotoperiodismo se vuelve una representación inequívoca de la vida.
Con el fin de la modernidad, la agitación social también mueve la producción de las artes, incluyendo también la fotografía. En Japón la revista Provoke, cuestiona y propone una nueva visión, respuesta de la posguerra y la invasión estadounidense. El consumo se masifica en el mundo y las imágenes comienzan a ser más presentes en el día a día. Como herramienta de la publicidad, la fotografía tiene una participación mayor, dejando de lado la realidad de la vida para crear una nueva.
Entre 1979 y 1980 se hace más evidente el cuestionamiento de la fotografía como un documento fidedigno de la verdad. La obra de Jeff Wall presenta imágenes que parecieran ser un registro espontáneo (https://gagosian.com/artists/jeff-wall/). Nan Goldin retrata sus personas en su día a día, escenas de gente invisible para la sociedad de ese tiempo, travestis, enfermos de VIH, la contracultura (http://www.artnet.com/artists/nan-goldin/?type=photographs). En la década de los 80 Joan Fontcuberta también cuestiona la fotografía como una representación de la verdad, años más tarde sería el principal autor de la postfotografía.
Con el cambio de la fotografía química a la digital, el tomar fotografías ahora está disponible a cualquier persona, incluso si no tiene una cámara. El gran avance tecnológico en los dispositivos móviles y la apertura masiva al internet han permitido compartir el aquí y ahora. El auge de las redes sociales ha transformado nuestra forma de producir imágenes y también de consumirlas. Reemplazamos el valor de la fotografía como archivo, memoria y documento, para hacerlo un mensaje. El cuestionamiento de la imagen fotográfica como una parcialidad de la realidad o, una realidad construida se mantiene, la cantidad de fotografías en redes sociales construyen un ideal de vida para el individuo, ya no importa el escenario que se captura, la selfie trata del individuo en el escenario. El valor de las fotografías (la gran mayoría de estas sin mérito artístico) está en el mensaje implícito que tienen las imágenes, aunque éste sea efímero y en pocos segundos se pierda en el vasto universo de información visual que nos bombardea día a día.
Lo anterior dicta uno de los cuestionamientos de la postfografía, el cómo producimos imágenes, cómo compiten estas con miles más idénticas, su valor en el tiempo y propósito. Dentro de la postfografía podemos identificar dos entes activos, ambos producen imágenes y las consumen. El primer actor postfotográfico se ha descrito antes, el usuario en redes sociales que sube fotografías e interactúa con otras, su papel no va más allá, no tendrá una reflexión mayor en lo que ve. El segundo actor postfotográfico está estrechamente con la fotografía, pueden ser fotógrafos, artistas visuales, profesionales de la comunicación. Se interesa en la extensa cantidad de imágenes, no le importa crear nuevas, sino tomar las que ya existen y darles una nueva interpretación, inevitablemente la autoría no existe como un factor de originalidad. Este ente postfotográfico hace de coleccionista, curador e investigador, se vale de herramientas como algoritmos, motores de búsqueda, redes sociales, pero en ciertos casos retoma la cámara fotográfica y programas para la edición de imagen.
Joan Fontcuberta:
Theriuss Allan Zaragoza:
Penelope Umbrico:
Michael Wolf:
No es raro pensar que en el futuro el avance tecnológico, las inteligencias artificiales y algoritmos generen contenidos completamente personalizados para cada individuo. El sitio web https://www.thispersondoesnotexist.com/ parte de una base de datos fotográficos para crear rostros que no existen, hay variantes que generan autos, pinturas abstractas y gatos. Actualmente los algoritmos se basan en nuestra forma de consumo y búsquedas, pero muestran resultados para grupos con características similares. El lema de Kodak cobra nuevamente importancia, pero ahora adaptado a nuestra vida cada vez más invadida por la tecnología: aprieta el botón, el algoritmo hará el resto.
El fotógrafo profesional no desaparecerá, pero su labor estará relegada para gente con una especialización alta en la materia y necesidades específicas. Actualmente quién se dedica a la fotografía ve mermado su trabajo por la disposición de smartphones y software capaz de modelar en 3D a detalles hiperrealistas. Como Diseñadores Gráficos nos toca reflexionar si las imágenes que producimos formarán parte del cúmulo olvidable que hace cada vez más extensa la contaminación visual, o imágenes de comunicación efectiva que después de su propósito pueden ser referentes del pensar de la época que estamos viviendo.
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El trabajo final consiste en crear un fotolibro digital. El contenido estará formado por fotografías de nuestro acervo (redes sociales, proyectos fotográficos anteriores, fotos familiares, etc.). Debemos buscar, seleccionar y reinterpretar estas fotografías que ya hemos producido para crear una secuencia narrativa. Es importante mirar de forma crítica estas fotografías, pensar qué significan ahora estas imágenes para nosotros y qué podrían significar para un espectador, explorar su potencial como imágenes latentes*. De ser necesario para completar una idea se pueden tomar fotografías nuevas. Se pueden usar textos (literarios, ensayo, por mencionar algunos) para reforzar la idea. Aunque la narrativa es la constante del fotolibro, lo podemos abordar desde otros géneros, como el retrato, bodegón, paisaje, etc.
*Imágenes latentes: en la fotografía analógica se consideran así las tomas que se encuentran en los rollos sin revelar, el fotograma ha sido expuesto a la luz, pero no a la mirada. En la postfotografía, Fontcuberta llama así a las imágenes almacenadas en medios digitales, publicadas en internet que de momento no tienen relevancia, pero que en cierto punto pueden cobrar importancia para el ojo público.


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